El pasado sábado estuve visitando a uno de mis mejores amigos en el Centro de Parapléjicos de Toledo. Sufrió una terrible caída esquiando el primer día de vacaciones de Semana Santa, hace un mes. Al principio los médicos no sabían si iba a poder caminar de nuevo, pero pronto movía los dedos de las manos y las piernas. Tras dos semanas en Grenoble(Francia) llegó a Toledo, en este Hospital especializado para lesiones medulares.
En los minutos de espera en el hall del centro se me encogía el corazón temiendo verle muy desmejorado, pero para mi asombro apareció él sólo dominando su silla, muy optimista y animado. Se afanó en demostrarnos su movilidad, mueve la parte proximal del miembto superior derecho y la distal del izquierdo, también mostró sus avances con las piernas, se puso de pie y dió tres pasos, se volvió a sentar. La vista era deprimente con decenas de parapléjicos montados en sus sillas con sus familiares rodeándoles. Nos sentamos en una mesa del jardín del hospital, él fue el que más habló, queríamos escucharle, nos detalló inverosímiles anécdotas, duras y graciosas pero todas desde el optimismo que siempre le caracteriza.
Más tarde estuvimos en la cafetería, donde nos invitó a los cuatro amigos que le visitamos a tomar un refresco. Contemplé con emoción y cierta angustia cómo se esforzaba por llevarse a la boca trozos de un croissant, sujetándose con la mano izquierda el antebrazo derecho para comer.
Por último tras cuatro horas de visita, le acompañamos a su habitación, estaba exhausto, llegaron sus padres antes de la cena y nos fuimos.
La visita me llenó de satisfacción al comprobar su esfuerzo por rehabilitarse, su optimismo y humor. Me fuí más contento de lo que llegué. Y cierro este artículo con las palabras con las que me despedí de él:``Mucho ánimo, te esperamos con impaciencia camarada´´.
Gumersindo Álvarez Carcedo. Director de El Informador.

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